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martes, 4 de octubre de 2011

Excesivamente Gascoigne

"Fui un genio porque poca gente hacía con la pelota lo que yo podía hacer". No existe mejor definición para el futbolista inglés que la que el propio Paul John Gascoigne expresó cuando lo compararon con Diego Armando Maradona. Ese mismo hombre que, hoy en día, sigue luchando para recuperarse y salir de su adicción al alcohol y a las drogas. Aquel que vistió 57 veces la camiseta de la Selección de Inglaterra, que marcó goles de antología, pero que también fue protagonista de incidentes y locuras tanto dentro como fuera de la cancha.

“Probablemente va a morir pronto. No creo que sirva de nada ayudarle. Es una pérdida de tiempo. Si pudiera pedir un deseo, desearía que nos dejara”, decía Regan hace poco más de dos año sobre su padre, el futbolista Paul Gascoigne, quien provocó su declive deportivo y arruinó toda su vida a causa del alcohol y las drogas. “Que haya sido un gran jugador – añadía el niño, de tan sólo 12 años – no quiere decir que sea un buen padre”.

Así fue ”Gazza”, un pésimo ejemplo, pero un auténtico genio con la pelota en los pies, un elegante mediocampista de gambeta corta que hacía maravillas en el mano a mano, desde que comenzara su carrera en el Newcastle, el club de su ciudad natal, para quien firmó contrato en 1983, cuando solo tenía 16 años. Pocos años después se convirtió en la gran sorpresa del futbol inglés. Un jugador totalmente diferente.

Uno de los goles más recordados de su carrera lo marcó cuando jugaba en el Tottenham frente al Arsenal inglés, en las semifinales de la Copa de Inglaterra, con el que se metía en la final. Y, como en toda su vida, aquella alegría acabó en desgracia, cuando una rotura de ligamentos lo obligó a alejarse del futbol (por un tiempo), justo cuando estaba por firmar contrato con la Lazio de Italia.

En 1992, el conjunto lacial pagó 5,5 millones de libras por él. La estadía de Gascoigne en Roma no fue menos traumática: más lesiones, abundantes salidas nocturnas, muy mala relación con la prensa… no se pudo ver allí a este genio del fútbol que, en 1996, resurgió en el Glasgow Rangers, donde marcó 19 goles, ganó el título de liga y fue nombrado futbolista del año.

Allí protagonizó una de sus escenas más recordadas, una que conmovió al mundo: el llanto convulsivo que provocó en él la segunda tarjeta amarilla en la semifinal contra Alemania Federal, aquella que le impedía, en el caso de que se hubiera ganado su equipo, cumplir su sueño de jugar un final histórica.

Pero en la historia de “Gazza” aparece un mal que común para muchos futbolistas ingleses: el alcohol. Tony Adams, Paul Merson o Teddy Sheringham son los más reconocidos de una lista que encabezó George Best.

Al dejar el fútbol, en 2004, con el Boston United, fue de mal en peor. En 2008 fue recluido en dos ocasiones, contra su voluntad, conforme a la ley de salud mental de Inglaterra y Gales e ingresado más tarde en el hospital de Faro, en Portugal, por una sobredosis de alcohol y drogas. En estos días se siguen repitiendo sendas problemáticas, conflictos, excesos y disturbios en la vida de Paul Gascoigne, esas acciones que lo alejan cada vez más de la figura en la que se podría haber convertido.

"Gazza", su vida en fotos on PhotoPeach

miércoles, 24 de agosto de 2011

Futbolistas víctimas del alcohol

El alcoholismo es un problema común en muchos deportistas. Victimas de la rápida obtención de fama, cualquier tropezón les puede provocar una dura caída anímica que, en un gran número de oportunidades, termina siendo ahogada con el consumo en exceso de todo tipo de bebidas. El principal peligro para este tipo de patologías es no reconocer la enfermedad. No asumirla u ocultarla a su círculo más íntimo podría llegar a ser letal. En estos casos, la tendencia a negar el problema lo hace aún peor; el afectado se cierra e impide sistemáticamente la asistencia, agravando su estado.

El goleador brasileño Adriano, jugador de gran físico, vivió en carne propia el infierno tan temido. Sufrió la perdida de su padre, su referente de vida; su animo cayó aún más cuando rompió relaciones con su novia Daniela. Empezó a frecuentar discos, bares, fiestas, bellas mujeres y, sobre todo, mucho alcohol. Tan mal se sintió el ser humano que el ídolo necesitó hacer pública su adicción, lo que implica un paso muy importante para la recuperación; diagnosticado el síntoma, derrotar al enemigo que habita en uno es todo un desafío para el portador. Adriano deberá combatir con entereza su adicción, la lucha es día a día y está prohibido bajar la guardia.

Otro ejemplo es Ariel Ortega, el argentino que pasó por Valencia, Fenerbache, River Plate, entre otros, y actualmente viste los colores de Defensores de Belgrano. El Burrito tiene una familia bien constituida por su esposa y sus hijos; el fútbol y la pelota, le dan alegría y son la razón de ser de su existencia. Aún así, no pudo escapar al estigma del alcoholismo, tal vez por las presiones que soportó desde muy joven (debutó en el club millonario a los diecisiete años) o algún problema no resuelto en su infancia. Lo concreto es que cayó en la tentación, el tratamiento ambulatorio no produjo resultados satisfactorios y se vio obligado a internarse en una clínica privada de Chile. Volvió a su club en busca de contención a nivel humano y profesional. La vuelta a casa para jugar al fútbol es una medicina mágica para muchos enfermos, aunque insuficiente para controlar el trastorno. Su familia será la base para fomentar la recuperación.

Mucho mas atrás en el tiempo, podemos recordar los casos de Garrincha, George Best y tantos otros afectados por problemas similares. Todos ellos tienen una característica común que los une: la pobreza. De origen muy humilde, el fútbol les entregó el pasaporte a la fama y al dinero. No pudieron soportarlo y llegaron a los excesos y al descontrol. Limitados culturalmente por carencias de base, la prematura idolatría y la “soledad de los triunfadores” los superó. Sus adicciones operaron como una forma de escape, pidieron ayuda a gritos y nadie los escuchó: fueron parte de los marginados del fútbol.

Manuel Francisco dos Santos, más conocido como Garrincha, nació un 28 de octubre de 1933 en Pau Grande, a setenta kilómetros de Río de Janeiro, Brasil. El carioca, de familia muy humilde, pasó su juventud entre sus tres pasiones: el fútbol, la pesca y las mujeres. Lo periodistas del momento lo apodaban el ángel de las piernas torcidas. La causa de su problema en las extremidades inferiores fue una poliomielitis infantil mal curada. Mané no pudo gambetear una herencia familiar: el consumo -desde muy chico- de una bebida alcohólica llamada cachimbo, mezcla de cachaca con miel de abejas y canela en pan. El tabaquismo fue otra de sus adicciones; fumaba con naturalidad desde los diez años, vicio que lo acompañó en sus jornadas de gloria y hasta su temprana desaparición. Debutó profesionalmente en Botafogo, club con el que alcanzó el status de estrella mundial. El autor Ruy Castro escribió su autobiografía, titulada “Estrella solitaria. Un brasileño llamado Garrincha”, que también fue llevada al cine por Milton Alencar Jr. Sus últimos años los padeció encerrado en un sótano con una patología de delirium tremens derivada del exceso de ron. Murió el 20 de enero de 1983 por un síndrome alcohólico.

George Best, célebre jugador irlandés del Manchester United, fue uno de los míticos ídolos pop del fútbol británico. Falleció el 25 de noviembre de 2005, como resultado de una infección pulmonar y un fallo multiorgánico. El Quinto Beatle sustentó su fama tanto en su exquisito fútbol como en sus noches de locura. Con anécdotas de todo tipo. Adicto al sexo y al alcohol. Sus originales frases marcaron una época. Así, comentó: “En 1969 dejé las mujeres y el alcohol; fueron los peores veinte minutos de mi vida”. Otra de sus recordadas citas fue: “He gastado mucho dinero en mujeres, coches y alcohol, el resto lo he despilfarrado”. La fábula dice que tuvo dos hígados y que se pulió el segundo. Best fue, además de un notable futbolista, un paradigma de la sociedad inglesa de los años 70.